La mayor parte de este trabajo colectivo se ha realizado en plena pandemia mundial por la covid19. De hecho, muchos de sus términos
han sido redactados en periodo de confinamiento y las reuniones de contraste se han tenido que celebrar en entornos virtuales. Con inquietud, perplejidad y enfado, hemos constatado cómo nuestra sociedad y el planeta, sus sistemas e instituciones políticas, sociales y económicas, no estaban preparadas para
el cuidado de la vida, pero… ¿no nos habíamos percatado de ello con anterioridad?

El feminismo lleva décadas de historia denunciando que el capitalismo hetereopatriarcal que nos gobierna, no coloca en su centro la vida. Es más, se construye a pesar de -y a menudo en contra de- la vida. Su afán de lucro, de uniformización, de control de los cuerpos y de colonización del pensamiento, producen consecuencias nefastas para la propia sostenibilidad de las vidas y del planeta. La extensión de la pobreza y las desigualdades, la inseguridad y la violencia -especialmente contra las mujeres-, la destrucción del medio ambiente o la persecución de las diversidades disidentes -de género, sexuales o raciales- son sólo una muestra del catálogo de las consecuencias de este sistema depredador